Los cerebros mutan, niegan y aceptan. Se mueven, contraen, trasladan; ríen, se entristecen, se sobrecargan, relajan y desconcentran. Son el yo y el súper yo; el conciente y el inconciente también (ideas y sueños). Mas no lo son todo. Nosotros somos también el pedazo de carne siamés del intelectual que nuestro cráneo protege. Este siente, se estremece y enferma, el viento, la piel de gallina, el agua; los otros. Y así, de a dos (juntos), mente y cuerpo se encaminan en una bella historia, un amorío tal vez, del cual uno es hijo. Yo soy hijo de padres separados y he aquí las crónicas de una separación espantosa y la historia de un cuerpo que, despechado, dio plena libertad de acción a su deshabitada cavidad ósea.

17 may. 2011

Tapacaras

Hoy quiero taparme la cara. Con anteojos, con una gorra, con capucha. Con una mascara, quizás; no lo probe. Y es raro, porque la sensacion no viene de la cara misma. Viene del tabique y el aparato respiratorio. Exalo esporadico plasma, lentas bocanadas; ocultacion.
Imposto la voz, y puedo hablar. Oir me es más complicado. Mirar, oler, sentir; todo esta exaltado. Porque me hayo sobredotado de emociones y no lo quiero. Necesito un filtro. Hoy quiero taparme la cara con grandes lentes negros. Del color del afuera y el de tu ojos.

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